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57. La mujer del rincón

Con los datos que disponemos, bien puede decirse que —de alguna manera y en alguna medida— el matrimonio modificó la percepción que Rosario de Acuña tenía de la sociedad española. En el transcurso de los seis o siete años de convivencia con Rafael de Laiglesia y Auset se va a ir produciendo un cambio de enfoque de tal calibre que su mirada se hará muy sensible a realidades que, tan sólo unos años antes, le habrían pasado desapercibidas.

Sus ilusionados —aunque enfermos— ojos de juventud se vuelven ahora más sensibles a la falsedad de sus congéneres (véase El camino de Torrero, uno de los primeros ejemplos). No le gusta lo que ve y se aleja, huye al campo buscando cobijo en la Naturaleza. En Pinto inicia una nueva vida y desde el retiro de su Villa Nueva alerta del desvarío de la sociedad: la perspectiva sociológica es la que parece interesarle por entonces: En el campo, Influencia de la vida del campo en la familia, El lujo en los pueblos rurales…

El análisis sociológico debe parecerle insuficiente para explicar el desvarío humano, pues a mediados de los ochenta la encontramos ocupada en cuestiones que buscan sus respuestas en el individuo. Impulsada por el deseo de adentrarse en los conocimientos psicológicos, no sólo convoca un premio de investigación con el objetivo de que los especialistas debatieran sobre los límites entre la cordura y la locura, sino que realiza un seguimiento exhaustivo de dos de los casos que mayor conmoción producen en la sociedad de entonces: el Crimen de la calle de Fuencarral y el Caso Galeote.

Era tal su deseo de conocer los pormenores que pudieran explicar las razones por las cuales un hijo de la sabia Naturaleza se convierte en criminal, que no duda en acudir diariamente a la sala donde se celebra la vista y lo hace provista de lápiz y cuartillas dispuesta a anotar todo cuanto de interés allí se diga. Ni que decir tiene que su presencia no tarda en atraer la atención de los periodistas que cubren la noticia: el 4 de octubre de 1886 El Resumen publica lo que sigue:

«Ante el problema que hoy ha de someter al juicio de la sala, hay muchos que miran escamados a sus vecinos de asiento, y sobre todo las señoras que ocupan el segundo diván de la derecha, al ver a su compañera del rincón armarse de lápiz y cuartillas dispuesta a tomar notas»

Ella es, evidentemente, la «del rincón». Ya que la han señalado con el dedo, coge su pluma y manda una carta al periódico explicando los motivos que la han llevado hasta aquella sala. Al fin y al cabo, la de publicista es la misión que se ha comprometido a desarrollar desde que a finales de 1884 se adhiriera públicamente al bando de quienes luchan en defensa de la Verdad.

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