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Archive for 24 marzo 2010

52. En busca de la casa de Rosario de Acuña en Pinto

Mario Coronas Arquero

Con la intención de localizar la quinta Villa Nueva, residencia de la escritora Rosario de Acuña en Pinto desde 1881 hasta mediada la década de 1890, he logrado realizar diversas investigaciones y creo haber señalado dicha quinta sobre un plano del casco urbano de la villa de Pinto fechado en  1924.

Aunque el plano sea 30 años posterior a la venta de la quinta, supongo que ésta se mantendría igual que en su inauguración (1881). La casa de Pérez Escrich en Pinto se edificaría en 1865 y en el diario El Heraldo de Madrid de fecha 15 de diciembre de 1928 aparecen imágenes de la misma, y según informa el periodista, la casa permanecía en idéntico estado. Además, en el plano de 1924 existe una casa situada en una calle que coincidiría exactamente con la actual calle Pérez Escrich, que debió ser inaugurada en una fecha posterior a 1924. También en Valencia, ciudad natal del escritor, se inauguró en 1910 una lápida en la casa donde nació Pérez Escrich y se dio el nombre de éste a dicha calle.

Por tanto, siguiendo las indicaciones que tenemos sobre la Quinta Villa Nueva (que estaba justo en frente de la de Escrich, cerca de las agujas de la vía, y de la estación, a las afueras del caserío, cuya casa estaba en una esquina de la propiedad, cercada de altas tapias, y donde pasaba un camino vecinal) podría coincidir con la finca señalada en el plano.

En el sur encontramos la Fábrica de Chocolates de la Compañía Colonial, fundada en 1854 e implantada en Pinto por el banquero de origen francés Jaime Méric Saisset en 1866. Más al norte encontramos la estación de ferrocarril de Pinto (inaugurada en 1851), y después la parcela de la Fortaleza o castillo de Pinto del siglo XV, hoy llamada Torre de Éboli en honor a la Princesa de Éboli, prisionera de la torre durante seis meses. Más al norte está situado el convento de Monjas Capuchinas.  A su altura encontramos las agujas de la vía férrea  y más al norte, alejando del caserío, la quinta Villa Nueva.

También he considerado que pudiera estar al otro lado de la vía del ferrocarril, algo poco probable ya que justo en frente de la fábrica de la Compañía Colonial estaba la quinta del industrial catalán Juan Cuni (en el año 1885 tuvo problemas porque el gobernador de la provincia quería instalar en su finca un lazareto). La Casa Fúster fue inaugurada en 1912 como finca de verano para la familia de don Nicolás Fúster Romero, director gerente de la Constructora Naval.

Y en la calle Villa María existía a finales del siglo XIX un hotel llamado Villa María, en honor a la esposa de su acaudalado propietario, Antonio Pérez Torregrosa.  Pérez Torregrosa construyó en 1898 en las afueras del municipio, junto a su hotel Villa María,  un barrio de hotelitos para disfrutar del verano. En él se instaló la selecta sociedad de la llamada Colonia Veraniega.

La casa situada junto a la probable quinta Villa Nueva (al otro lado de la vía) sería la casa del doctor Félix Creus García, hijo del que fuera gloria de la cirugía española, el doctor Creus y Manso.  En 1905 Félix Creus compró varias fincas a los herederos del Sr. Gurumeta y construyó dicho hotel para su familia.

Hoy la Quinta Villanueva es en su mayor parte jardín municipal, está dividida por el Paseo de las Artes, que a su altura es un paso a nivel que cruza la vía del ferrocarril para vehículos con dirección a Parla y Fuenlabrada. También hay un bloque de edificios.

Plano de 1924

(La casa señalada con color azul es la del escritor Pérez Escrich; en amarillo aparece señalado el lugar en el que probablemente estuviera situada la casa de Rosario de Acuña)

Plano actual de Pinto

(Delimitado por líneas naranjas el espacio que antaño ocuparía la Quinta Villanueva, enfrente, en azul,  la finca de Pérez Escrich)

51. La esquela del tercer aniversario

La tarde del fatídico cinco de mayo de 1923, la vida de Carlos de Lamo Jiménez -de quien nos tendremos que ocupar con mayor profundidad-  se quedó completamente a oscuras a sus cincuenta y cuatro años de edad pues le hurtaron  la potente luz que había guiado sus pasos desde que, hace ya más de tres décadas, decidiera unir su destino al de Rosario de Acuña y Villanueva.

Superado el estupor de los primeros momentos, era ineludible hacerse cargo de la nueva situación que, en cierta medida, ya aparecía apuntada con trazo fino por la mano ausente que ya no habría de escribir cosa alguna. Allí estaba, en el testamento del año 1907 en el que proclama su radical oposición de la Iglesia católica «y de las demás sectas» y convierte a Carlos en su único heredero.

Dese los primeros momentos, se declara decidido a dedicar el resto de sus días a rendir culto a quien fuera su compañera durante tantos años: «deber único que mi vida queda de hacer vivir mientras yo viva, y perdurar después de mí en la inmortalidad, que sus obras le darán, el nombre que será cada vez más glorioso de Rosario de Acuña».

Fiel a su compromiso, al acercarse la fecha del aniversario del infausto día, inicia gestiones para rendirle un homenaje a la compañera ausente. Con el apoyo del Ateneo Obrero, entidad a la que había estado muy unida la escritora, el 5 de mayo de 1924 se celebra una velada necrológica en el transcurso de la cual pronuncia unas palabras en las que justifica la sencillez del acto:

Que así como Ella se había retirado voluntariamente del  «mundanal ruido» en el que pudo brillar tanto y desdeñó, saboreando, en cambio, en un rincón aldeano su dulce paz, su mágico panorama de bellezas interiores y de esplendideces mayestáticas en las lejanías del mar infinito y en la adorable tierra asturiana que la circundaba, este aniversario pretendía yo se limitase a una comunión de vuestras almas con la suya, de los que aquí vivimos, de los que recibisteis muchas veces el eco de su pensamiento en sus escritos, y de los que en otras muchas ocasiones oísteis de sus labios palabras de aliento…

Y así sucederá en los años siguientes:  cuando se aproxima la fecha del aniversario,  El Noroeste recuerda puntualmente la cita, Roberto Castrovido envía un cariñoso escrito para que sea publicado por el periódico gijonés y en el Ateneo Obrero tiene lugar una velada  literaria en recuerdo de la que fuera ilustre socia y colaboradora.

No obstante, en 1926 Carlos no puede asistir, y se ve en la obligación de avisar  a quienes, a buen seguro, esperaban que llegase el día señalado para  rendir homenaje a la distinguida ausente.  Hasta ahí todo normal y lógico. Lo que ya resulta inhabitual es el modo que utilizó para informar a los interesados, pues el anuncio aparecido en la prensa local adopta la forma de esquela y en él se recuerda la condición de masona de la finada, lo cual no parece comulgar con el deseo de doña Rosario de que todo lo relacionado con su muerte fuera tratado con mesura y discreción.

En cualquier caso, aquí queda público testimonio de la opción tomada por quien desde el 5 de mayo de 1923 se comprometió a  exaltar la memoria de quien durante tantos años fue su compañera.

50. Homenaje a Rosario de Acuña en Portugalete

Creo que de la lectura del artículo «Homenaje a una mujer ilustre», publicado en El Motín en el verano de 1916 y reproducido en esta bitácora semanas pasadas, bien se puede deducir la admiración que por Rosario de Acuña sentía Volney Conde-Pelayo, miembro -como entonces se dijo- de una conocida familia de Portugalete y destacado escritor «radical».

Ignoro si la amistad entre ambos ya existía con anterioridad, pero sí me consta que, al menos, la hubo desde entonces tanto con Volney como con su familia, pues sabemos que su hermano Ángel y su cuñado José Tejada pasaron unos días durante el verano de 1917 en la casa que en Gijón tenía la escritora. Visita que no sé si verían con buenos ojos las autoridades gubernativas asturianas, preocupadas como estaban ante los rumores de huelga general que corrían por entonces y que tan desagradables consecuencias habrían de depararle a la pensadora de El Cervigón, que en el mes de agosto tuvo que soportar dos registros domiciliarios.

Lo cierto es que la simpatía entre ambos debió de ser mutua pues ambos defendían puntos de vista similares, al menos en cuanto respecta a la defensa de la libertad religiosa y a su beligerancia frente al omnipotente poder que el catolicismo ostenta en España, asunto éste en el que Rosario de Acuña tiene un ya reconocido prestigio de infatigable luchadora y Volney alguna que otra escaramuza notable, como la difundida por la prensa en el otoño de 1917: debe comparecer ante el juzgado de Sestao «por no haberse descubierto al pasar el Viático», según denuncia el capellán del «patronato de obreros amarillos».

En el artículo que he citado al principio de estas líneas,  proponía Volney un homenaje a Rosario de Acuña en desagravio a todas las penalidades sufridas por la escritora en su larga lucha por la libertad. «Hay que hacerlo por dignidad». Para ello solicitaba a algunos destacados propagandistas que se pusieran manos a la obra. No pudo ser, pero él no cejó en su empeño hasta conseguirlo. Fue en Portugalete, en 1920.

Los organizadores pensaron que no había mejor manera de homenajear a la librepensadora que poniendo en escena El padre Juan, su obra emblemática, cuyas representaciones fueron prohibidas en 1891 por las autoridades gubernativas. A pesar de que la autora no pudo acudir por encontrarse delicada de salud, el público que abarrotaba el Salón Cine Ideal aclamó en repetidas ocasiones a la «ilustre anciana», según cuentan las crónicas del acto, en las cuales se anuncia que la iniciativa no termina ahí, sino que «el drama será representado nuevamente en algunos peublos de las zonas fabril y minera de Vizcaya».

Rosario de Acuña, que conoce todos los pormenores del acto de Portugalete, agradece públicamente el homenaje por medio de una carta dirigida a todos y cuantos han participado en la representación:

«A todos ustedes les mando, con esta carta, mi fraternal abrazo de afectuosa gratitud asegurándoles que lo que más que sentí al no poder asistir a la representación fue el no poder estar entre ustedes, los intérpretes del drama, guiándoles en lo que vacilaran y secundado, con mi experiencia de vieja, la hermosa actividad de sus juveniles voluntades»

Resulta lógico pensar que hiciera extensivo el agradecimiento  a Volney Conde-Pelayo, verdadero artífice del homenaje. De no haberlo hecho antes, tendría ocasión de hacerlo meses después cuando el «escritor radical»,  se trasladó a Asturias para participar en la campaña de propaganda del recién creado Partido Comunista, al que se habría incorporado tras haberse dado de baja en el P.S.O.E.,  convencido como está de que «se va apartando paulatinamente de la táctica de la lucha de clases que constituyó su brillante historia», según explica en una carta  fechada en Portugalete el 28 de mayo de 1920 y  dirigida al director de El Socialista.

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Otros artículos relacionados:

43. El donativo de la difunta, en donde se hace mención a  la suscripción abierta por el  Centro Democrático de Portugalete para  levantar en esa localidad un mausoleo en memoria de  Juan José Conde-Pelayo.

49. «La avicultura en la Montaña» por Pablo Lastra y Eterna

Pablo Lastra y Eterna[1]

Según prometimos en nuestro artículo anterior, vamos a empezar la reseña de las granjas avícolas en la Montaña por la de la ilustre escritora doña Rosario de Acuña.

Al otro lado del Alto, allá, en el lugar de Cueto y muy cerca del faro, tiene su acreditada granja.
En aquella soledad, dedica, de las 24 horas que el día tiene, 4 al reposo y las demás al cuidado de sus gallinas, de sus patos y a la propaganda de las aficiones avícolas, quedándola aún tiempo para proseguir sus campañas filosófico-sociales que con tanto afán son leídas en EL CANTÁBRICO.

Pero concretándonos solo a su labor avícola, como es nuestro objeto, prescindamos por un momento de la mujer eminentemente ilustrada y de grandes conocimientos científicos, para estudiar nada más lo que nos sirve para fomentar la avicultura en nuestra querida tierruca.

Alejada del bullicio del mundo y buscando un retiro que oculte a su vista las pequeñeces y mentiras de la actual sociedad, cuya vida ficticia no puede halagarla, consagra su existencia al cultivo de las hermosas razas productivas que le alegran con sus cantos y la dan rendimientos económicos.

Desde luego hemos de consignar que en principio no eran sus parques lo que hoy son. Empezó por el principio, es decir, por poco, para ir desarrollando la industria con mucho acierto y presentando al mercado paulatinamente los productos finos a que el público no estaba acostumbrado.

Al revés de lo hecho por otros industriales que implantaron el negocio en las peores condiciones pues creyeron hacerse ricos con las razas del país, ella cultivó las razas más estimadas en Europa por sus condiciones de carne y postura.

Las gallinas de carne amarilla están desterradas de su casa; sólo viven en ella las de carne fina y blanca; de gusto exquisito y de gran puesta, como son: la castellana negra, andaluza propiamente dicha; la célebre y tan recomendable Prat, la gigante Brahma y la gran raza de lujo y producto andaluza azul.

Con tan escogidos elementos, con sus cuidados y con su pericia en la ciencia avícola, los resultados no se hicieron esperar. La producción fue en aumento, viose incapaz de consumir tan enormes productos y los lanzó al mercado. La aceptación que han tenido lo prueba el público, que compra constantemente los pollos y huevos de tan hermosas razas.

La verdad y la razón se han abierto paso entre la ignorancia del pueblo que no creía que una gallina de estas razas era capaz de devolver a su dueño el importe de lo que consumían en su alimentación.

Poco a poco, han ido transformándose los gallineros de toda la provincia y confiamos que en breve tiempo se desterrará de la Montaña, para siempre, esa raquítica gallina común, voraz y revoltosa incapaz de producción remuneradora de los gastos que ocasiona, para dar paso a las verdaderas razas de producto, que con tanto esmero se cultivan en los parques que nos proponemos reseñar.

Los precios algo elevados de las razas ponedoras y de sus productos, no están, sin embargo al alcance de todos los que desearan renovar sus gallineros, pues lo que vale cuesta y es natural que el precio de una gallina que pone 150 ó 170 huevos no ha de ser lo mismo que el que alcanza en la plaza una asquerosa gallina de esas que nos traen de Galicia, León y de otros pueblos los industriales que venden al menudeo.

Sin embargo, doña Rosario de Acuña ofrece raza mixta de todas las que posee, cruzadas en libertad, es decir, que la renovación de la sangre es constante y las cualidades de los productos recomendables en extremo, por reunir las mismas propiedades de las razas puras en calidad de carne y postura.

Jamás recomendara yo los cruzamientos para perfeccionar la raza, pero sí para obtener productos de gran talla y de gran producción de huevos, cuando -como es el caso presente- es tan fácil renovar la sangre, pues en esta granja puede obtenerse, sin aumento de precio, un huevo de raza pura en la docena de los de razas cruzadas.

Además de los hermosos ejemplares de gallinas que hemos descrito, existen en la granja de la señora Viuda de Laiglesia, patos del país y los gigantes de Ruen, que a su buena aclimatación y rusticidad añaden su gran postura y exquisita y abundante carne. Cruzados con los comunes producen individuos de gran talla y buena carne.

Tales son, a grandes rasgos descritos, los productos que nos ofrece esta Granja, siendo su especialidad las razas cruzadas para producción de huevos, cuyo peso oscila entre 75 y 110 gramos.

Las razas puras cultivadas con esmero y cuya producción media es de 150 a 180 huevos, pueden adquirirse con entera confianza, pues fácil es comprender que los individuos que comen y se producen nadie los conserva, y tal sucede en las granjas.

Los resultados obtenidos hasta la fecha, según la contabilidad avícola que hemos examinado, han sido de un 20 por 100 y podrá elevarse a más si se rebaja la ración diaria de alimento que es excesiva, pues a más de mermar las utilidades, perjudican al animal, porque la gallina gorda deja de poner a consecuencia de obstruir el oviducto la grasa acumulada en este órgano en grandes cantidades, siendo muy peligroso para la vida del animal.

Nada hemos de decir de la limpieza que reina en la Granja; siendo esto lo que la higiene recomienda es llevado a cabo diariamente y con gran cuidado y a ello se debe que sólo haya habido dos defunciones por enfermedad extraña, pues los ejemplares la traían consigo de Barcelona, donde los criadores no son nada escrupulosos ni formales y remiten animales enfermos y defectuosos.

Recomendamos eficazmente a las personas que deseen renovar sus gallineros, que adquieran los ejemplares aclimatados en las Granjas de la Montaña, pues en la actualidad existen las mejores razas de productos y nacidas ya aquí, por lo que la aclimatación y conservación de los ejemplares es muy fácil.

El Cantábrico, Santander, 22-4-1902


[1] Rosario de Acuña tenía en gran estima al señor Lastra y Eterna a juzgar por los comentarios que le dedica. Tal sucede, por ejemplo, en «Preámbulo», el artículo inicial de la serie Conversaciones femeninas que publicará en El Cantábrico a lo largo de 1902, donde afirma lo que sigue:

«Considero que hay en la Montaña personalidades verdaderamente eminentes en ciencias naturales y sus derivados (que son la raíz del absentismo) y me apresuro a rendir el primer homenaje de mi admiración y mi respeto, entre los naturalistas, al señor don Augusto G. de Linares, honrosa entidad en la agrupación de nuestros sabios, y entre los avicultores al señor don Pablo Lastra y Eterna; y como de Avicultura llevo algo escrito y como aún he de tratar del asunto, aprovecho esta ocasión para reconocer en el señor Lastra preeminente en esta ciencia, pues con sus escritos sobrios y técnicos, puede hacer de Castelló montañés, es decir, de autoridad irrebatible en Avicultura, que resuelve, con sus lecciones y consejos, todos cuantos conflictos padezcan los que a la Avicultura se dediquen, guiándolos científicamente hacia todo mejoramiento en el asunto; hagamos, pues, de su apellido un lema; sea la Eterna providencia de todos los que en familia nos dediquemos a criar aves. »

Aunque la escritora sitúa a Pablo Lastra y Eterna como experto avicultor -que lo era por entonces, y como tal escribe algún que otro artículo en las páginas de El Cantábrico– será en el campo de la apicultura donde años más tarde adquirirá mayor reputación, llegando a ser director de la Granja Experimental de Guarnizo (Cantabria) y habiendo dado a la imprenta varias monografías sobre el asunto.

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Otros artículos relacionados:

« 37. Huevos para incubar»

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48. El Centro Municipal Rosario de Acuña de Pinto

El pasado mes de junio, la Concejalía de Bienestar Social, Igualdad y Mayores del Ayuntamiento de Pinto abrió un proceso de votación para decidir el nombre del nuevo centro de la Mujer. Se invitó a participar en la consulta a todos los vecinos de la localidad y se les dio a  elegir entre cuatro mujeres ejemplares: Emilia Pardo Bazán, Concepción Arenal, Rosario de Acuña y Clara Campoamor.

(Pinto. Información y ocio, nº 143, junio 2009)

Los pinteños pudieron  votar de dos maneras distintas: bien en las propias dependencias de la concejalía, bien a través de la página del Ayuntamiento. En el primer caso se obtuvo el siguiente resultado: Rosario de Acuña (36,87%), Clara Campoamor (35,75%), Concepción Arenal (13,96%), y Emilia Pardo Bazán (13,40%). En el segundo, los votantes se inclinaron mayoritariamente por el nombre de Rosario de Acuña,  que obtuvo más del 72 % de los votos.

El resultado de la votación viene a poner de manifiesto el cariño con que los habitantes de Pinto recuerdan a quien durante  más de una década fuera una de sus vecinas más ejemplares: una de las calles del municipio lleva su nombre; el Pleno ha aprobado mociones para rescatar su figura y en varias ocasiones la Semana de la Mujer contó con diversos actos en los cuales ella fue protagonista destacada.

El nuevo centro ha sido inaugurado el pasado día 6 por el alcalde de Pinto, Juan José Martín, la alcaldesa de Gijón, Paz Fernández Felgueroso, la portavoz del PSOE en la Asamblea de Madrid, miembros de la Corporación pinteña y representantes comarcales de UGT y CCOO.

El Centro Municipal Rosario de Acuña será un centro que prestará una completa atención a las mujeres de Pinto, pues, además de ofrecer información y asesoramiento, acogerá el Punto Municipal del Observatorio Regional contra la Violencia de Género y el Punto de Encuentro Familiar.

Gracias a la existencia de este Centro,  las mujeres de Pinto recuperarán para sí el testimonio de quien hace más de cien años luchó para que, al fin, alumbrara la «hora de la emancipación.»  Por méritos propios y por la decidida voluntad de sus habitantes, desde el pasado día 6 del presente mes de marzo la autora  de   «A las mujeres del siglo XIX» (1887),  La ramera (1887), Consecuencias de la degeneración femenina (1888) o  Los convencionalismos (1888) se ha convertido en el estandarte que enarbolan las pinteñas en pos de una sociedad más igualitaria.

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34. Pidiendo por las calles de Pinto

19. El agradecimiento del pueblo de Pinto a Felipe de Acuña y Solís

Su vida en Pinto: la metamorfosis