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22. Vuelve a Cuba, mi tórtola gallarda (José Martí)

A Rosario de Acuña

Poetisa cubana, autora del drama «Rienzi el tribuno», laureado en Madrid

Espíritu de llama,
del Cauto arrebatado a la corriente,
ansioso de aire, libertad y fama;
espíritu de amor, trópico ardiente;
de Anáhuac portentoso
oye el aplauso que en mi voz te envía
al hispánico pueblo el más hermoso
que mares ciñen y grandezas cría.
– – – – – –
Mas ¿cómo no te dueles,
¡oh, poetisa gentil! de que en extraña
tierra enemiga, te ornen los laureles
amarillos y pálidos de España,
si en tu patria de amor te espera fieles
y el odio allí su brillantez no empaña?
¿Cómo, cuando Madrid te coronaba,
hija sublime de la ardiente zona,
sin Cuba allí, no viste que faltaba
a tu cabeza la mejor corona?
¡Ay! cuando entre tus manos,
albas y juveniles,
sin el beso de amor de tus hermanos,
sembradoras de mayos y de abriles,
la corona española brilla y rueda,
¿no se yergue ante ti sombra de espanto,
pecadora inmortal, nube de llanto,
la sombra de la augusta Avellaneda?
– – – – – –
Y de Orgaz el potente, ¿la olvidada
memoria no te humilla,
castigo digno de su lira hollada,
alma de Heredia que encarnó en Zorrilla?
– – – – – –
¡Que el campo estalla! ¿Que la voz del bardo
gloria pidiendo, el ánimo conturba?
¡También estalla en mí; yo también ardo!
Mas si en el mar de los olvidos bogo
y aire de sombra el aire me perturba,
los turbulentos cánticos ahogo,
y al hierro vuelve la domada turba.
– – – – – –
No hay gloria, no hay pasión; el mismo cielo,
la libertad espléndida es mentira,
si se la goza en extranjero suelo,
y con aire prestado
y llanto avergonzado,
huésped se llora, ¡siervo se respira!
– ¿Qué hace el cantor?
– ¡Cantar, mas de manera
que hermano el canto de la heroica azaña
prez de la tierra que mancilla España,
con su laúd sobre la espada muera!
Y tú, mujer, y yo -desventurado
con alma de mujer varon formado-,
¡perdónemelo Dios! porque a mis bríos
con su miseria el hálito han cortado
viejos y niños, carne y huesos míos.
¿Qué hacer cuando en el alma se agiganta
la divina ambición?… ¡Patria divina!
y ¿lo pregunto yo? ¡Vida mezquina
la que alienta la voz en la garganta!
– – – – – –
¡Callar! Este es un canto
de voz de mártir, de celeste duelo,
y si el cielo es verdad, en sacro espanto
me encumbrará de mi canción al cielo;
mas si al ánimo vil, de vil tributo
siervo, no basta en el lugar de luto
este silencio pálido y benigno,
calle su voz, de los infiernos fruto:
¡Morir! Esto es más digno.
¡Morir! ¡Qué gran valor! Cuando pudiera
robuesto el brazo encadenar la gloria,
y en la patri bandera
trocar la estrella en sol de la victoria,
escribir lentamente en extranjera
tierra una débil y cobarde historia;
y sentir aquel sol que arrancaría
de la melena del rugiente hispano
por dar con él la brillantez del día
a mi adorado pabellón cubano;
y andar, cuerpo viviente,
entre un pueblo a este mal indiferente;
y decir sin cesar este delirio
en un canto que el labio nunca entona,
¿qué más, que más laurel? ¿Cuándo el martirio
no fue en la frente la mejor corona?
– – – – – –
¿Quién pide gloria al enemigo hispano?
No lleve el que la pida el patrio nombre
ni le salude nunca honrada mano;
el que los ojos vuelva hacia el tirano,
nueva estatua de sal al mundo asombre.
– – – – – –
¿Qué plátano sonante,
qué palma cimbradora,
qué dulce piña de oro
al cierzo burgalés aroma dieron,
ni en castellana tierra florecieron?
– – – – – –
¿Quién vio imagen del Cauto rumoroso,
de ondas, sonoras de movible plata,
en el mísero Duero rencoroso
que entre duros guijarros se desata?
– – – – – –
Allá, Rosario, el alma se acongoja,
el cuerpo se entumece,
cubre la tierra helada la amarilla
veste que el árbol moribundo arroja,
en la noche invernal nunca amanece,
y la blanca y morada maravilla
que en la niñez ornó tu faz sencilla,
púdica y débil de temor no crece.
¿Tú, apretada en el pecho del invierno,
ardiente hermana mía?
¿Tú, presa en tierra fría,
hija de tierra del calor eterno?
Y el puerto del Caney hogar paterno
te dio, y amante halago,
dulcísima caricia,
y truecas a tu plácido Santiago
por el rudo Santiago de Galicia?
– – – – – –
Y llanos vastos de nevada espuma
que el alma tropical mira oprimida,
y ¡tú en aquellos llanos, blanca pluma
en los ingratos témpanos perdida!
– – – – – –
¡Oh, vuelve, cisne blanco,
paloma peregrina,
real garza voladora;
vuelve, tórtola parda,
a la tierra do nunca el Sol declina,
la tierra donde todo se enamora;
vuelve a Cuba, mi tórtola gallarda!
– – – – – –
Y si funesto azar lauros te ofrece,
plácidos para ti, y en calma queda
la corona en tu mano, y reverdece,
piensa, ¡oh poetisa! qu ese lauro crece
en la tumba de Orgaz y Avellaneda.
– – – – – –
Si la cándida garza peregrina
de amarillo color el albo seno
en hora aciaga tiñe;
si lauros nuevos a su frente ciñe,
nueva Gertrudis y fatal Corina,
piensa que el árbol que en el patrio suelo
y el amplio tronco disentió robusto
y en las hinchadas venas sangre hervía,
hallará a su traición castigo justo,
si otro sol y otra sangre torpe ansía;
que el lauro envenenado
en la sangre de hermanos empapado,
en la frente del vil que lo ciñera
la deshonra en espinas trocaría;
que muere triste en la Germania fría
golondrina del África viajera.
– – – – – –
Y si en tu frente, seno poderoso
de los rayos del sol, la vanagloria
tendido hubiera el manto luctuoso;
si nuevo lauro España le ciñera,
y la espina del lauro no sintiera;
si plugiese a sus fáciles oídos
cuanto de amor que no es amor cubano,
y junto a sus laureles corrompidos
el cadáver no viese de un hermano,
¡arroje de su frente,
porque no es suyo, nuestro sol ardiente!
¡Devuélvanos su gloria,
página hurtada de la patria historia!
y ¡arranca, oh patria, arranca
de su seno infeliz el ser perjuro,
que no es tórtola ya, ni cisne puro,
ni garza regia, ni paloma blanca!

México, agosto 1876

(en MARTÍ, José: Lira guerrera. Madrid: Editorial Atlántida 192…)

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