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4. Defendiendo la propiedad intelectual

En 1876 Rosario de Acuña y Villanueva presentaba su candidatura para ingresar en el Parnaso nacional con el estreno de Rienzi el Tribuno. Tras el clamoroso éxito cosechado entonces, muchos quisieron ver en ella la continuadora de la Avellaneda. Quince años después todo ha cambiado: la prometedora escritora aplaudida y jaleada por la clase literaria española se ha convertido en una conocida activista del librepensamiento que utiliza la pluma como hábil instrumento de propagación de sus ideales. Sus obras que tiempo atrás contaban con la simpatía y el apoyo de la mayoría, provocan ahora el recelo de la gente bienpensante y el aplauso incondicional de los heterodoxos. Así las cosas, en 1891 la escritora quiere poner en escena El padre Juan y no lo tiene fácil, pues muchos empresarios se niegan a acoger el drama en sus escenarios. No se arredra, ella se hará cargo de todo. Alquila el teatro de la Alhambra, costea la producción, dirige los ensayos… A la primera representación no le siguieron otras pues el gobernador decreta la prohibición.

Ni corta ni perezosa, no duda en salir a la palestra pública para defender lo que es suyo. He aquí el comunicado aparecido en El País el 11 de abril de aquel año:

Señor director de El País


Apreciable señor: estimaría de su bondad mandase insertar el siguiente comunicado:

Al público


Habiendo tenido en mis intereses pérdidas enormes por la disposición gubernativa que prohibió las representaciones de mi drama El Padre Juan, cuando tenía vendidas las localidades para la segunda función y, por lo tanto, compensados en parte los gastos hechos para ponerlo en escena con el aparato requerido, he dispuesto, en beneficio mío, una función en el teatro de la Alambra, para el 12 del corriente abril, poniendo en escena mi drama Rienzi el Tribuno.

Creyendo usar de un derecho legítimo me dirijo al público imparcial, invocando a favor de mi lesionada propiedad intelectual su valiosa protección, e invitándole a que asista a mi beneficio, testificando con su presencia que aun laten almas capaces de protestar contra ciertas vejaciones.
Reconocida a la merced, queda de usted señor director S.S.Q.B.S.M.

Rosario de Acuña
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