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16. La barca de Acuña

Ofrenda fervorosa de admiración y simpatía a la excelsa mujer, sabia y buena, doña Rosario de Acuña y Villanueva.

Orilla al mar de Cantabria turbulento y brumoso, se mece tranquila la barca de Acuña. Como en la estatuaria griega, dentro de su estática se descubre el maravilloso dinamismo que la impulsa. Como la barca de Pedro, príncipe de los apóstoles, es un símbolo consolador, que nos habla de una heroica avanzada española hacia la rica pesca de almas para el banquete universal de la concordia…

Tano, el fiel marinero que sabe sujetar con destreza las amarras, nos conduce -en nuestra visita- hasta el camarín del experto capitán femenino, que empuña el timón con la pulsación divina de un espíritu vidente de longincua tierra de promisión…

Estamos a bordo, en la grata compañía de dos queridos amigos: Ozalla (Nicolás) y Aguero (Santos) [En Rosario de Acuña en la escuela aparece: «Estamos a bordo en la grata compañía de tres queridos amigos: Ozalla (Nicolás) y del Amo (Carlos) y Aguero (Santos)]Desde cubierta columbramos un dilatado horizonte de perspectivas bellas: cielo, tierra y mar nos envuelven en su seno ingente de misterio… La campiña nos brinca su polícromo paisaje de sin rival belleza y la ciudad, desnudándose a nuestra vista, nos muestra las pétreas moles de humanas construcciones multiformes…

Plácido arrobamiento nos invade, sintiendo en el fondo de nuestro ser la vibración sentimental de la belleza. Estamos en el augusto Templo de la Libertad. De labios del femenino apóstol del librepensamiento brotan sutiles pensamientos plasmados en formas impecables de lenguaje. El santo misionero de la Libertad, sincero y afectuoso, nos descubre su alma delicada, profundamente religiosa y profundamente humanitaria…

Y he aquí el prodigio del espíritu de tolerancia: Acuña y Ozalla confraternizan encantadoramente. ¡El librepensamiento y el franciscanismo fundiéndose en fraternal abrazo de espíritus!

Doña Rosario nos cuenta pasajes divinos de su amarga Vida, de su gigante Vida, de su gloriosa Vida, hasta tal extremo emocionantes, que, en más de una ocasión, las lágrimas nublaron nuestros ojos: ¡así es de acerbo el dolor de la noble Vida de una mártir! ¡así es de sublime la existencia de esta íntegra mujer, gloria de España!…

Y ¡qué tristeza da el pensar que el ambiente levítico que nos mata, coarte inicuamente la libre emisión del pensamiento! Porque si no existiera este hórrido valladar de la España negra, la pluma varonil y genial de esta mujer nos revelaría con toda maestría el rico contenido ideológico, que como secreto oculto, llevará consigo a la tumba…

¡Algún día llorará la Patria esta irreparable pérdida!

Gijón, agosto de 1918

LUIS HUERTA

El Noroeste, lunes 26 de agosto de 1918

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